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La Vida de Barbara Pez

 Nos revolcamos en el barro con el sinsentido de que no hay un mañana, 

enredados en esa papilla primordial de la que no se puede prometer ninguna elevación espiritual...

Cuerpos amontonados, confusos, deformes, caricaturas monstruosas indistintas, retorcidos en un movimiento agitado e imprudente.

En ese terrario ancestral, semillas invertidas incapaces de germinar anhelan espasmódicamente la vida, engañadas para vivirla en una danza incivilizada, infértil y caótica.

La calma está en otra parte y domina y emana en el éter, observador silencioso... Espera, como lo hace el sol cuando calienta el capullo que, desde una latencia inconsciente, emerge virtuoso en la vida.
¡Hombre! levanta tus ojos al cielo y, en esa calma que llena tus ojos de verdad iluminada, elevada desde tu consciencia larvaria, fluye en el hacer rítmico de lo que no tiene contornos ni limitaciones, en lo que existe, en un sentido expandido que todo lo une, del que todo forma parte, al que todo anhela inexorablemente.

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